jueves, 19 de julio de 2012



"LENGUAJE Y HABLA PERSONAL"
PEDRO ORTIZ CABANILLAS















INTRODUCCIÓN




Para quienes de uno u otro modo tienen que aplicar en su labor profesional los conceptos fundamentales del lenguaje, nada hay más confuso y caótico que las teorías acerca del mismo. Por un lado, gran parte de las hipótesis al respecto se han fundado en el análisis de las lenguas y especialmente de la lengua del investigador, a tal punto que no es fácil saber, por ejemplo, si términos como parole, speech, Sprache, favella, habla corresponden a un mismo concepto y a una misma realidad. Por otro lado, se ha acumulado una gran cantidad de datos empíricos acerca del lenguaje dentro de los marcos de ciencias diferentes como la lingüística, la psicología, la neurología, la sociología, las ciencias de la comunicación, la semiótica, la semántica, la filología, la etimología así como en el marco de la filosofía, a tal punto que es imposible cualquier intento de aplicar, en la práctica, algunas de las tantas teorías y, lo que es más importante, de llegar a una explicación de su naturaleza intrínseca. En otras palabras, el lenguaje y el habla todavía carecen de una teoría unitaria que los explique. Las teorías vigentes procedentes principalmente de la lingüística, la sociología, la psicología y la neurología explican, cada una a su modo, aquellos aspectos del lenguaje o del habla que lógicamente interesan a los científicos que laboran o investigan dentro de sus respectivas especialidades.
        En el presente libro nuestro interés se centra en la explicación psicobiológica de lo que delimitaremos con el habla como actividad consciente de la persona. Esperamos que éste sea un paso para explicar los desórdenes específicos que afectan la capacidad de comunicación, por medio del lenguaje, que se observan en personas adultas o en formación debido a diversas afecciones del cerebro. En realidad, nada es más desalentador que encontrar sólo sim-plificaciones y abstracciones de tan elevado nivel de especulación debido a que resultan prácticamente incompatibles con los problemas concretos que sufren las personas. Por eso, creemos que es imprescindible una teoría del habla personas distinta de una teoría del lenguaje. Esta teoría del habla personal debe ir más allá del sentido común; además, su aplicación debe facilitar no sólo el diag-nóstico, sino también la restitución de las discapacidades verbales una vez que fueron tratados los procesos patológicos causales.
Es pues todo un desafío intentar encontrar una salida que nos permita servir mejor a quienes nos necesitan por no tener o haber perdido una de las capacidades más apreciadas por todos los seres humanos. Para quienes no son investigadores “puros” sino clínicos, la tarea es en extremo difícil. Pero, la responsabilidad de servir del modo más apropiado a quienes necesitan recuperar estas capacidades es más fuerte que las debilidades que seguramente mostramos al prestar este servicio clínico. Creo que ésta es la mejor justificación para emprender la tarea de analizar los datos disponibles con un objetivo que no es precisamente el de saber por saber o el de especular por especular.
Habrá que alegrarse, entonces, de disponer de una enorme cantidad de datos debidamente comprobados que se han acumulado en el último siglo; habrá que admirar, por cierto, la complejidad de las técnicas empleadas y el volumen de la inversión realizada en los experimentos a los cuales, dígase de paso, no es prácticamente imposible acceder. Por fortuna, es aún posible que cualquier científico práctico pueda acceder a la versión teórica de los datos obtenidos para examinarlos críticamente y aplicarlos en la solución de problemas individuales.
También es verdad que la aplicación de la información obtenida para la atención de casos específicos no se hace, ni puede hacerse, como una simple reiteración de un hábito sin fundamento. En realidad se requiere, por parte de quien aplica un conocimiento o una técnica, de por lo menos la comprensión de sus bases teóricas y de sus fines y, más todavía, de la convicción de que es ciertamente útil para quien recibe dicha atención.
La cuestión es cómo se puede comprender un dato desnudo, por así decirlo, o un dato envuelto en una teoría que no toma en cuenta sus verdaderos objetivos, más aún cuando las conclusiones deben aplicarse a un ser humano cuya integridad y dignidad debemos respetar. Por ejemplo, cómo aplicar un conjunto de reglas para comprender, explicar o diagnosticar un desorden del habla de una persona así como para ayudarla en su recuperación si las reglas se basan en una concepción distorsionada o sesgada del hombre y la sociedad; concepción que no ha tomado en cuenta la condición de las personas concretas, excepto como una idealización. Los problemas primarios del habla personal, por ejemplo, así como los debidos a otros desórdenes de la actividad consciente de las personas, no puede resolverse a sabiendas de que la persona es tratada basándose en conceptos que de ninguna manera armonizan con su dignidad, la tan criticada despersonalización de la atención en salud que sufren los enfermos, así como la formación que deben recibir los educandos, y los opuesto, la humanización de los animales, no se superan con reglas morales de corte puramente afectivo o cognitivo que no distinguen la esencia social y moral de los hombres concretos y sólo se los idealiza para tratarlos como entes de naturaleza inmaterial o, al contrario, como organismos o animales dotados de unos cuantos atributos superiores cuya naturaleza se desconoce.
Incluso se puede suponer que el deterioro en el uso de la lengua en los ámbitos de la escuela y la universidad y, en consecuencia, en el pueblo mismo no es cuestión personal, de una falta de interés o de capacidad para hablar o escribir bien. Es más bien posible que al haber perdido su carácter normativo, la gramática haya dejado de ser lo que los clásicos definieron para convertirse en una teoría del cerebro abstracta que describe cualquier expresión como la que uno mismo libremente genera, una expresión sin implicancias sociales mediatas.
Hace algún tiempo que propusimos una hipótesis de trabajo según la cual cada uno de los hombres es una personalidad: La idea era que cada individuo humano tenía una historia estructurada tanto a partir de la información de sus genes, así como basándose en la información social a la que puede acceder desde que nace (Ortiz, 1994, 1997). Esta hipótesis nos ha dado pie para platear la existencia de un sistema del habla personal que es atributo de cada personalidad – cuyos procesos lógicamente requieren una explicación psicológica y neurobiológica -, de naturaleza distinta a la del sistema del lenguaje (y la lengua) que consideramos atributo de la sociedad y que requiere de una explicación esencialmente sociológica.
Desde este punto de vista planteamos la necesidad de explicar los procesos cerebrales del habla ya no a partir de sus procesos más elementales como son la sensación y la motilidad, sino a partir de la actividad psíquica inconsciente y teniendo como base la actividad psíquica del nivel consciente. Es decir, una vez que la consciencia queda definida como el conjunto de información social que la personalidad acumula en el curso de su historia codificándola en su neocórtex cerebral en la forma de información psíquica consciente. Al plantearse el problema de este modo el sistema del habla puede ser considerado como un componente de la conciencia. Interpuesto entre ésta y el sistema inconsciente que es independiente del lenguaje, aunque sea esencialmente reflejo del mismo. El lenguaje y la lengua deben ser considerados como son en realidad, estructuras externas no sólo al cerebro sino a los individuos mismos.
Sería pues mediante los procesos inconsciente – afectivos y cognitivos – que la estructura sígnica de una lengua es incorporada como capacidad personal preconsciente. Así se organiza el habla, primero como modelo de desarrollo de la actividad inconsciente y, más tarde, como punto de partida y soporte de la actividad consciente. Es ente sentido el habla resulta ser un sistema informacional de naturaleza psíquica que codifica tanto información psíquica consciente como inconsciente; asimismo, el habla sería un sistema que genera las palabras, oraciones y el discurso como parte de la actuación de la persona en tanto ésta tiene que comunicarse con otras y actuar socialmente.
Una vez entendida el habla como actividad personal, se evidencia que es esencial e intrínsecamente diferente del lenguaje que codifica la información social, atributo de la sociedad que, según este mismo punto de vista, es el sistema multiindividual de mayor complejidad del sistema vivo, organizado basándose en dicha información social. Al final de este periplo trataremos de demostrar que una explicación de este tipo tiene mayores ventajas para una comprensión y atención de las personas con desórdenes del habla.
Por razones de espacio solo nos dedicaremos al estudio del habla en sí, dejando de lado el análisis de los sistemas del lenguaje escrito y el cálculo, y los lenguajes de signos para ciegos y sordomudos. Entendemos que los conceptos aquí esbozados pueden aplicarse mutatis mutandis a la explicación de las formas correspondientes de actividad psíquica.





Capitulo I










El estudio del lenguaje


























Dentro de la sociedad actual, tanto por sentido común como por argumentos de orden filosófico, en el campo de las ciencias natu- rales y de las ciencias sociales, incluidas las de la comunicación, es casi unánime la idea de que el lenguaje1 es el atributo que más distingue al hombre de los animales o que por lo menos es una de las propiedades más distintivas de la especie humana. Y aunque no se conoce bien de qué naturaleza fueron los procesos formativos de la sociedad, se considera que la invención de los signos y del lenguaje como sucesos exteriores a los individuos fueron los hitos que marcaron el establecimiento definitivo del sistema de la sociedad actual.
       El interés por el estudio del lenguaje no es reciente. Por lo me-nos la preocupación por descubrir la índole de los procesos por medio de los cuales podemos hablar al parecer empieza desde que la sociedad queda organizada en la forma que hoy la conocemos; sobre todo desde que el trabajo colectivo de los hombres pudo ma-terializarse tanto en las herramientas como en las operaciones y los objetos que se hacen con ellas, incluidos el dibujo y el lenguaje escrito.

    Las palabras, lenguaje y lengua aparecerán en cursivas siempre que se refieran a los conceptos de lenguaje y lengua tal como se usan oficialmente. Caso contrario, significará que las usamos en el sentido que se les adscribe en el marco del presente trabajo.
Sería pues fundamental hacer una reseña previa de la historia de los conocimientos acerca del lenguaje antes de sustentar nues-       tra propuesta acerca del mismo como sistema de naturaleza so-     cial y del habla como sistema de naturaleza psíquica. Por eso, la revisión por lo menos de los hitos más importantes de la investí- gación y la teorización acerca de la naturaleza del lenguaje, y prin-cipalmente acerca de la relación habla-cerebro en el campo de las neurociencias, la haremos en esta sección. Al respecto, hay varios estudios sobre la historia de las neurociencias entre los cuales el más reciente es el trabajo monográfico de Finger  (1994). Reseñas acerca de la historia del estudio del lenguaje desde un punto vista lingüístico la encontramos en Lyons (1969) y desde un punto de vista psiconeurológico en Luria (1966) y Benson (1993, 1994).
Desde un enfoque neuropsicológico la idea de que el habla es de naturaleza psíquica parece haber sido intuida hace cerca de cinco mil años cuando en Egipto algún protomédico pudo comprobar y dejar constancia gráfica de que la pérdida del habla tenía relación con las heridas en la cabeza. Sin embargo, es posible que por la misma época, en varias culturas del Asia, se haya desarrollado algún grado de conocimiento sobre la relación entre el habla y el cerebro. No cabe duda que quienes lograron precisar de modo definitivo la relación entre esta forma de actividad y la fun-ción del cerebro fueron los griegos; ellos fueron los creadores de las ciencias naturales, tanto en su versión mecanicista como en la idealista. (Aunque en el Perú antiguo se practicaron varios tipos de craneotomía es posible que jamás lleguemos a saber qué pen-   saba el pueblo inca sobre la relación que existe entre el habla y la cabeza o el cerebro.
Dentro de la ciencia griega había dos ideas fundamentales enrelación directa con nuestro tema. La primera era de Demócrito quien sustentó una idea decisiva para el desarrollo de la teoría del hombre: que el cerebro era el "guardián del pensamiento” y que átomos psíquicos lo relacionaban con el resto del cuerpo. La se-gunda era de Hipócrates quien dejó claramente establecida la idea de que la pérdida del habla, con parálisis de la lengua y de un lado del cuerpo, así como otras alteraciones psíquicas eran debi-        das a enfermedades que afectan al cerebro.
  En este mismo campo, pero ya dentro de la ciencia moderna el interés por la explicación del lenguaje comenzó en Francia cuando Paul Broca hizo pública su observación sobre la pérdida del ha-   bla en mi enfermo que había tenido un infarto en la región posterior e inferior del lóbulo frontal izquierdo de su cerebro. Hughlings y Iackson, en Inglaterra, y Karl Wernicke, en Alemania, contribuye-ron más tarde en la elaboración de toda una teoría neurológica del lenguaje a partir del estudio de la afasia, nombre con el que estos investigadores designaron los desórdenes del habla por lesiones en la corteza cerebral (predominantemente en el hemisferio izquierdo, hecho que ha sido confirmado respecto del 98% de las personas diestras y el 70% de las zurdas).
     Por su parte, las teorías psicológicas acerca del habla a dife- rencia de las teorías lingüísticas sobre el lenguaje y las fisiológicas sobre el cerebro de fines del siglo XIX y comienzos del XX, no llegaron a alcanzar el nivel de desarrollo que era indispensable para una definición de los conceptos fundamentales acerca del habla y su explicación en el campo de las ciencias del hombre. En reali- dad, ha sido lamentable que la psicología llegara a desinteresarse por el tema del lenguaje, principalmente cuando el conductismo ignoró la existencia de los procesos de la mente, el pensamiento y la conciencia.
Fue en este contexto que Ferdinand de Saussure formuló su teo-ría estructural del lenguaje desde su cátedra en la Universidad de Ginebra, a comienzos del siglo XX. En efecto, basándose en los con-ceptos neurológicos de la afasia y de la psicología de esa época fue que, tal vez sin pretenderlo, el fundador de la lingüística moderna psícalogizó el lenguaje. Ahora constatamos que esta tendencia per-sistió hasta que otro lingüista de la misma talla, Noam Chomsky, concluyera sin mayores rodeos que el lenguaje es una forma de acti-vidad psíquica cognitiva y que debe estudiársele como tal.
El estudio propiamente lingüístico del lenguaje se inició tanto dentro de la cultura hindú (siglo 1v a. C.) como dentro de la cultu-ra griega clásica. Fueron los griegos los que fundaron el análisis gramatical del lenguaje escrito. El lenguaje se convirtió en un área de interés que debía estudiarse simultáneamente con la investiga-ción científica del hombre y la naturaleza. Es pues interesante no-tar cómo después de más de dos milenios el lenguaje escrito deja de ser el objeto real de estudio de la gramática y el lenguaje habla-do ocupa su lugar.
Cabe resaltar aquí el hecho de que al elaborarse las primeras hipótesis por parte de los gramáticos griegos, los filósofos y cien-tíficos que les siguieron tomaron el lenguaje y el cerebro como áreas de interés; pero aisladas la una de la otra. De este modo el lenguaje fue el objeto de estudio dentro de los enfoques idealistas, tal vez acorde con la suposición de Aristóteles de que el cerebro era sólo una cámara refrigerante; mientras que, recíprocamente, quienes dentro de los enfoques mecanicistas se interesaron por el estudio de las funciones del cerebro casi no tomaron en cuenta el tema del lenguaje. Esta disociación ha sido tan definida que, a pesar del no-table desarrollo de la investigación neurológica acerca de las lla-madas funciones corticales superiores que iniciara Franz Gall hace ya dos siglos, los puntos de contacto entre neurocientíficos y lin-güistas han sido escasos, tenues, coyunturales.
Por eso, debe lla-mar la atención que sólo en las últimas décadas del siglo pasado se hayan hecho invocaciones explícitas a favor de un trabajo interdisciplinario con la clara intención de elaborar una teoría unificada del cerebro y el lenguaje.
Esto significa que a pesar de que las investigaciones neuro-lógicas, psicológicas y lingüísticas del lenguaje han seguido líneas prácticamente independientes sólo en época reciente, en el siglo XX, parece haberse producido un encuentro interdisciplinario im-portante. Sin embargo, el marco de esta sana intención integradora ha sido una ciencia natural que no diferencia a1 hombre del ani-mal. Esto, en otros términos, explica por qué no se ha producido el resultado esperado. Estamos seguros de que una teoría unifica-    da acerca del lenguaje es imposible en ausencia de una teoría apro-piada acerca del hombre y la sociedad.
Efectivamente, los primeros gramáticos hicieron del lenguaje escrito el objeto principal de análisis y fue tan llamativo que sólo en el último siglo y medio el objeto de estudio pasó a ser el lengua-je en su forma hablada. No obstante, hay que destacar que este cambio de objeto trajo como consecuencia la idea de que el lengua-je hablado es una realidad virtual que sólo existe en la mente o el cerebro de los individuos de la especie Homo sapiens y no una rea-lidad que existe fuera de la cabeza de los hombres, tal como es el lenguaje escrito.
En el presente ensayo seguiremos la línea tradicional, en el sen- tido de que

…las teorías lingüísticas tratan acerca de objetos culturales —palabras, oraciones, discursos, lenguajes— y no acerca de la conducta humana. Las gramáticas y las teorías de la gramática  generan demandas acerca de lo culturalmente real, y no acerca de cualquier cosa que sea psicológicamente real. (Sanders, 1974, pp. 12-13)

aunque, a diferencia del autor aquí citado, no esperamos prueba alguna que demuestre lo contrario.
Dada la índole de nuestro trabajo, tenemos que hacer por lo menos una apretada revisión de las concepciones más importan-   tes que se han elaborado en relación con el lenguaje dentro de la lingüística, las ciencias de la comunicación, la psicología y la neu-rología. Felizmente, las concepciones actuales acerca del lenguaje han sido sintetizadas en diferentes modelos que se han propuesto prácticamente en este siglo después de que Saussure propusiera su gramática descriptiva. En esta revisión, por varias razones te-nemos que obviar la discusión de los fundamentos de cada mode-lo. La primera, que éste no es nuestro objetivo primordial; la se-gunda, que existe una enorme variedad de textos introductorios disponibles al respecto; la tercera, que si bien los esquemas se diferencian entre sí, es posible notar que todos ellos tienen mucho en común y por lo tanto no es necesario defender algunos y desechar otros.


El hecho es que en tanto uno se imponga la tarea de explicar      la actividad verbal de una persona, o tenga que hacer el   intento     de definir, comprender, describir y explicar los procesos internos   del habla, se tiene que hacer también todo el esfuerzo posible por entender y, si es posible, por superar ciertos modelos conceptua-    les básicos que se han limitado a la descripción del lenguaje como    si éste fuera un atributo de la especie humana. Asimismo, se debe poner especial énfasis en la crítica de los esquemas o modelos  funcionalistas de la actividad mental y localizacionistas  de las fun- ciones lingüísticas del cerebro que se han propuesto dentro de la neuropsicología clásica; todo esto sin perder el hilo de la historia, pues será necesario usar las observaciones y los datos empíricos encontrados desde las primeras investigaciones para sustentar el punto de vista que nos parece más apropiado.
Otro hecho importante es que dentro de los enfoques de  cada     una de las mencionadas disciplinas, el lenguaje aún no ha sido definido con precisión. Ésta es una situación que ya ha sido ana- lizada por varios estudiosos del lenguaje, Herriot entre ellos. Este autor (Herriot, 1970) considera que el sistema del lenguaje huma-  no tiene tres aspectos primordiales, y que por ello se le tiene que definir de tres maneras: 1) como un sistema de signos lingüísticos,  2) como conducta verbal y 3) como medio de comunicación. Cada uno de estos aspectos, por lo que podemos apreciar, ha dado lu-                gar a modelos descriptivos diferentes.
En vista de esta variedad de enfoques han surgido muchos in- tentos por encarar el asunto en forma multidisciplinaria. Por ejem- plo, una vez que el lenguaje es objeto de estudio de la lingüística,    la definición de los signos y del significado en general sirve, pri-   mero, para obtener una teoría acerca del sistema del lenguaje; lue- go la teoría lingüística ya no se aplica sólo al análisis  comparati-   vo de las lenguas o al estudio de una lengua en particular,   sino    que se le relaciona con la teoría psicológica vigente, sea el conduc- tismo, el cognitivismo o algún otro. En este contexto se desarrolla, por ejemplo, el enfoque psicolingüístico que estudia el lengua-        je como si fuera una función cognitiva especial. Una extensión de    esta tendencia es el enfoque neurolingüístico cuyo objetivo es la explicación  neurológica — es decir, neuroanatómica y   neu- rofisiológica-— del lenguaje. Como puede verse, para estos enfo- ques interdisciplinarios el objeto de estudio es el mismo: el lengua- je entendido como un ente único que puede abstraerse de la reali- dad. Si alguien se pregunta dónde se encuentra, cabe sólo una res- puesta posible: en el cerebro de las personas; no se acepta que está en los libros, en los discos duros o en otros medios de codifica-   ción similares.
 Siguiendo pues el punto de vista de Herriott (op. cit.), que en-   tiende el lenguaje como un ente único, revisaremos los modelos teó-       ricos más importantes como si este ente fuera: 1) un sistema de signos lingüísticos, 2) un sistema de comunicación social, 3) un sistema psíquico cognitivo y 4) un sistema funcional del cerebro (véase también al respecto Lecours, 1974). Con estos enfoques debe-        mos suponer que la explicación del lenguaje puede realizarse tan-              to a partir de alguno de sus aspectos más objetivos así como ba-      sándose en una ciencia en particular, dígase lingüística, ciencias         de 1a comunicación, psicología y neurología, respectivamente.

El lenguaje como sistema de signos lingüísticos
 El análisis del lenguaje como sistema de signos lingüísticos, desde el punto de vista de la lingüística, es fundamental para enfocar el estudio de su estructura interna. Independientemente de su ubi- cación, este enfoque es importante para comprender cómo los sig- nos lingüísticos contienen un significado o, en otros términos,   cómo codifican la información que se comunica entre las perso-              nas. Inclusive, en el trabajo clínico psicológico o neurológico, al aplicar los procedimientos del examen clínico más apropiados y   para 1a interpretación de los desórdenes verbales o de otra natu-             raleza que pudiera tener o sufrir un enfermo, no se puede ver el lenguaje sólo como portador de cierto contenido, sino también como un sistema en sí que puede estar alterado y puede ser estudiado       en términos de su estructura fonológica, sintáctica y semántica.
La descripción y la explicación del lenguaje en sí deben tomar     en cuenta este aspecto de la organización intrínseca de los signos lingüísticos, que es diferente de su función comunicativa. Justa- mente en este caso el lenguaje es estudiado como un sistema de signos que existe por sí mismo, independiente de los individuos    que lo usan. Y esto es lo que en realidad hacen los lingüistas, pues, como hemos destacado, desde que los griegos fundaron la teoría     de la gramática (Lyons, 1969) lo que se ha hecho es analizar aque-         llo que más objetivamente representa al lenguaje hablado, esto es,   el lenguaje escrito. En este sentido, siempre ha existido el interés  por el estudio del lenguaje como un sistema objetivo de signos que existe fuera del hablante; por ejemplo, en la forma de expresiones verbales que emite una persona donde primero se escuchan aten- tamente y luego se trascriben al papel usando el alfabeto fonético,    o mejor después de grabarlas en una cinta magnética, de preferen-              cia de vídeo o en un sistema multimedia.
En el campo lingüístico el estudio del lenguaje una vez produ-   cido por la persona, se plantea desde dos perspectivas: una, la más tradicional, asume que el lingüista debe describir la estructura ob - jetiva de las palabras y oraciones en sí (como lo hizo Saussure, 1916/1945; y como se hace actualmente. Véase, por ejemplo: Mi- randa, 1988, y Rojas, 1997, para una introducción a la gramática    del español). Otra, la más reciente, asume que el objetivo de la lin- güística es la explicación de la generación de la oración por el  ha- blante (Chomsky, 1965, 1968). Para esto el lingüista debe realizar    el análisis formal de los elementos constituyentes de la oración con     la esperanza de que de allí se pueda deducir el proceso real de su génesis psicofísica.
Aunque hay muchos otros enfoques, a partir de los anteriores     han surgido dos tipos de gramáticas en apariencia bastante dife-     rentes: la gramática estructural y la gramática generativa. Según podemos apreciar, el enfoque estructuralista parece más orienta-     do al estudio del lenguaje como sistema abstracto de signos lingüísticos; es, por tanto, una teoría del lenguaje de nivel plena-mente social. Aunque, como veremos, Saussure (1916/ 1945) se con-            tradice al sugerir que es una forma de actividad psíquica. Sin em-bargo, es evidente que la teoría estructuralista de este autor no tie-   ne prácticamente ningún término o concepto psicológico; algo que podría atribuirse al hecho de que cuando él elaboró su propuesta    no tenía los conceptos apropiados ya que la teoría psicológica de     la conducta de la época tampoco los tenía. No creemos, empero,    que éste sea el caso.
     Por otro lado la gramática generativa, propuesta por Chomsky, parece ser una teoría que busca una explicación de sentido opuesto: en vez de describir la oración una vez que ha sido producida para luego limitarse a la explicación de cómo se genera, pretende expli-car el sistema que produce (que no es lo mismo que genera) la ex-presión verbal —en sentido estricto, el sistema cerebral que pro-  duce el lenguaje. Se puede decir que el objetivo principal de 1a psicolingüística es el de explicar el lenguaje como competencia, es decir, como el conocimiento intuitivo del lenguaje que tienen las personas. De allí la necesidad de explicar la existencia de una gra-mática universal como si fuera un sistema cerebral de reglas a partir de las cuales las personas generan las oraciones en su lengua. Se deduce, entonces, que esta gramática debe existir sólo en el cere-    bro de quien habla. El problema es que la existencia de la mencio-nada competencia lingüística en el cerebro del hombre sólo se pue-de deducir de su desempeño, tanto de la expresión verbal del ha-blante, como de la comprensión verbal del oyente (nótese que en ambos casos la oración expresada es externa al hablante y al oyen-  te) y, por lo tanto, se tiene la necesidad de obtener evidencias más directas acerca de su existencia real.
Según el punto de vista de Chomsky, la "teoría general del len-guaje" tendría que ser una teoría psicológica del lenguaje, en tan-    to que el desempeño verbal —el habla— es de tal naturaleza que debe ser explicada fisiológicamente. Deberíamos asumir, entonces, que el lenguaje no existe fuera de los hablantes y que por tratarse de una estructura psíquica deberíamos asumir su estudio dentro           de la psicología. No obstante, la teoría claramente alude y se basa    en las palabras y frases expresadas por el hablante, y sólo presu-            pone que el lenguaje como tal es procesado en el cerebro del hom-                bre (respecto del que, debemos insistir, la misma teoría asume que   es de tipo animal).
 Según el punto de vista de la lingüística estructural, el lengua-     je está constituido por un conjunto de unidades lingüísticas las cuales al combinarse forman estructuras jerárquicamente organi-          zadas, esto es, configuran estratos o niveles gramaticales que se pueden aislar y superponer desde el más elemental hasta al más complejo. Así, se tienen los estratos o niveles: 1) fonológico, res-pecto de los fonemas; 2), morfológico, relativo a los morfemas y las palabras; 3) sintáctico, en relación con las oraciones, y 4) semántico, referido al significado.
La lingüística separa, entonces, los elementos o unidades del lenguaje que son las palabras —las cuales se estudian fonológica     y morfológicamente—, de la estructura de las oraciones —que se estudian sintáctica y semánticamente. La organización de estos niveles implica la existencia de sistemas de reglas que describen o generan (según cuál sea la perspectiva de estudio) las secuencias    de palabras que constituyen las oraciones y el discurso.
   En resumen, respecto del lenguaje como sistema de signos la gramática es definida como: 1) el estudio descriptivo de la estruc-tura de las palabras y las oraciones, según la lingüística estructu-    ral, o 2) la teoría que explica la generación de la oración según la psicolingüística.

El lenguaje como sistema de comunicación social
Se ha dicho que el lenguaje es un sistema abstracto de signos que existe como "objeto cultural”. En tal sentido, el lenguaje ha sido tratado como un conjunto arbitrario de signos creado por la hu-manidad que las personas utilizan para comunicarse entre sí.
  También se dice que el lenguaje es un código arbitrariamente escogido por una cultura para transmitir información entre perso-  nas. O que el lenguaje es el medio de comunicación que un pue-  blo, nación o conjunto de naciones usa como parte de su historia.


|        Según estos puntos de vista, el lenguaje tiene que ser estudia-do como un objeto social. Es decir, al definir el lenguaje como un sistema de comunicación social se toma en cuenta las característi-cas de las lenguas y se las estudia como conjuntos sistemáticos de signos lingüísticos  los cuales son inteligibles sólo al interior  de cada pueblo o nación. En este caso, se alude a la calidad del men-saje, la cantidad de la información que se transmite, la relación entre información y ruido, los medios (naturales como el aire  o artificia-les como los electrónicos) en los que se materializa  el habla  para ser transmitida de un emisor a un receptor. Interesa, por lo tanto, explicar de qué naturaleza es el medio a través del cual se transmi-  te la información. Además, se relacionan las expresiones verbales con los gestos corporales que son también parte de la cultura.
      Además, se toma en cuenta que los dos elementos de la rela-ción no son necesariamente dos personas que conversan  una jun-  to a otra: la relación comunicativa puede realizarse también  a tra-   vés de un instrumento o desde un instrumento –teléfono, telégra-  fo, cable, radio, televisión, computador, etc.– hacia una persona,    o también desde una persona  a través de los medios disponibles  a toda una población.
      En esta clase de procesos de comunicación se acepta que las personas pueden estar dentro de relaciones más complejas que tie-nen sus propias peculiaridades como son, por ejemplo, las rela-ciones profesionales, artísticas, administrativas, económicas o po-líticas dentro de las que se usan jergas más o menos específicas.
Este aspecto del lenguaje también es tomado en cuenta cuan-do se analizan e interpretan las expresiones de un paciente desde un punto de vista clínico, pues la relación entre el paciente y su examinador puede ser analizada por un observador externo, del mismo modo que el profesor vigila o asesora  a sus estudiantes.
El estudio de la relación entre dos personas es, pues, la forma más simple de comunicación social que es mediada por las señales propias de una lengua donde lo que dice una de ellas puede que- dar o, de hecho, queda restringido por lo que escucha y compren-de su interlocutor.
En resumen, el acto de la comunicación social se puede sinte-tizar en la secuencia de: Emisor (fuente) ® Sistema de señales ® Receptor, donde el sistema de señales contiene o codifica el men-saje el cual transmite a través de un canal de una cierta capaci-    dad (Fig.1).
Fig.1     Un sistema de comunicación elemental
      En la ingeniería de las comunicaciones se da especial impor-tancia ala relación de Información/Ruido, donde: I α 1/R como una medida de la capacidad del canal.
El lenguaje como sistema psíquico cognitivo
La separación entre cognición y emoción –o entre neocórtex y alocórtex– que nos dejó Darwin como consecuencia de su teoría  de la evolución también ha generado una separación dualista  en las teorías psicológicas acerca del lenguaje. En efecto, parece que hu- biera el convencimiento de que el lenguaje es una forma  de conduc-ta o una clase de proceso cognitivo exclusivo del hombre, de un ni-vel superior a los gestos con los que comunican sus estados emo-cionales tanto el hombre como los animales. Basándose en esta dis-tinción se afirma que la comunicación por medio de gestos emotivos es una forma de lenguaje que compartimos con los animales. Para la mayoría sin embargo, el lenguaje de los gestos ya no puede con-siderarse un lenguaje en sentido estricto, puesto que el lenguaje hu-mano tiene características cognitivas mucho más complejas.
      Es pues en el campo de la psicología del lenguaje, más que en el de la lingüística  o de las ciencias de la comunicación, donde es más obvia  la dificultad y a las limitaciones conceptuales  para pre-  cisar la naturaleza  del lenguaje o el modelo  que debe explicarlo. Sin duda que esta situación es consecuencia de los propios enfo-ques de la psicología  que se centran en el aspecto conductual, o  en el cognitivo; unas veces en lo estructural, otras en lo procesal  de un psiquismo separado del organismo.
       Al respecto, es significativa la controversia  conducta/cogni-ción que tiene una clara relación con la oposición entre los análi-  sis de la frase de tipo horizontal,  o de izquierda-derecha, y los aná-lisis  de tipo vertical  o de  arriba-abajo que se discuten  en la psicología del lenguaje (Herriot, 1970). En efecto, la explicación conductual se aviene  más definidamente al primer tipo de análi- sis, mientras que la cognitiva  es mas compatible con el segundo.
      Aunque, podría decirse que estos tipos de análisis no tienen mayor relevancia con respecto a la explicación neurológica del ha-bla, el análisis probabilístico de la secuencia de palabras de una oración –a pesar de que trata la oración como si fuera una cade-    na de tipo estimulo-respuesta  (que parte del enfoque de Skinner duramente criticado por Chomsky,1964)– en realidad, como ve-remos más adelante, puede aplicarse al estudio de la expresión verbal como parte  de la actuación objetiva de la persona. En tanto que el análisis vertical, propio de la gramática generativa  y la teo-ría cognitivista del lenguaje, se puede aplicar al estudio de la acti-vidad verbal tal como se da en los planos de la percepción, la ima-ginación y el pensamiento. Esto demuestra que todo investigador (Skinner, inclusive) es capaz de observar y abstraer algún aspecto de la actividad psíquica tal como ocurre realmente. El problema   es que aislar  sus observaciones del marco de la actividad per-      sonal y de la estructura social, cada autor explica dicha actividad muy a su manera, de modo sosegado, por lo mismo llega a formu-lar modelos que apenas se aparecen al objeto real que fue motivo de su propia observación.     
        Desde un punto de vista psicológico (no sólo psicolingüístico), se piensa que el lenguaje es un sistema cognitivo y que el  procesa- 
miento de información verbal comprende una serie de estructuras  –de procesos para otros (véase al respecto  la discusión  de Craik  & Lockart ,1972)– que se suceden  desde una entrada sensorial auditiva o visual hasta su salida motora oral o manual. Se supo-   ne que estos procesos son similares a los de cualquier otra habili-dad cognitiva, que serían, siguiendo el esquema de Welford (1965): la percepción verbal, la memoria verbal (a corto y a largo plazo),  la comprensión verbal, la selección de las palabras y frases, la pro-gramación de la respuesta y expresión verbal. Esta situación lineal de señales verbales que siguen una trayectoria  aparentemente bien definida, significaría que los procesos  lingüísticos son la función de sendos dispositivos, módulos o procesadores mentales cuya naturaleza y ubicación en el cerebro se estarían conociendo cada vez mejor.
      Pero, como hemos visto, la psicolingüística también consi-  dera que el lenguaje es una estructura cognitiva. Así, Chomsky (Chomsky, 1965, 1968, Green, 1980; Black, Black & Droge, 1986) sostiene que la gramática es un sistema mental de reglas que pro-duce las oraciones de una determinada lengua. Este sistema com-prendería un componente léxico y otro sintáctico. El primero es-pecificaría la estructura de palabras, su significado y uso. El segundo tendría, a su vez, dos subcomponentes: uno categorial y otro transformacional. El componente léxico y el subcomponente categorial juntos constituirían lo que denomina la base. La base generaría  la estructura inicial de una oración que es la estructura   d (d-structure, antes llamada estructura profunda), la cual es trans-formada por el subcomponente transformacional en la estructura    s (s-structure o estructura superficial). Esta estructura s se expresa finalmente tanto en una forma fonética como en una forma lógica. Se supone que el “mapa” de la estructura superficial de una y otra, de estas dos formas es independiente para cada uno pues se supone que la forma lógica representa la interpretación semántica de la oración y la forma fonética representa los sonidos de las palabras en la oración.
      El modelo asegura que los componentes del lenguaje y las res-pectivas reglas gramaticales se encuentran como tales en el cere-  bro. Se supone entonces que cada hombre posee un dispositivo ce-rebral que procesa dichas reglas; se supone que este dispositivo      ya vendría preformado genéticamente. Por lo tanto, la presencia     de este dispositivo, que no sería otra cosa  que una suerte de gra-mática impresa en la red nerviosa, explicaría por qué el niño apren-de tan fácilmente a comprender el habla de sus mayores y a         expresarse como ellos en el breve tiempo que media entre los 12 y los 22 meses de edad (Lenneberg1967). También explicaría por qué cualquier persona puede comprender y generar frases que nunca antes escuchó ni pronunció.
       La gramática contenida en el cerebro no sería, pues, más que una forma de actividad cognitiva que se pone en marcha  apenas  un sujeto entra en contacto con los usuario de la lengua de su cultura; de este modo, lengua y cultura existirían única y exclusi-     vamente en el cerebro de todas las personas que comparten el mis-mo ambiente cultural (Mosterín, 1994).
       El modelo psicolingüístico del lenguaje presupone, entonces, que cada persona tiene una gramática cerebral conformada por un léxico (una especie de diccionario cerebral) con sus correspondien-tes unidades lingüísticas y una sintaxis con sus correspondientes reglas transformacionales que debemos suponer son funciones del cerebro.
Dentro de este enfoque lingüístico de las funciones cognitivas, en una suerte de compromiso entre los planteamientos de la gra-mática generativa y de la psicología cognitiva, desde el comienzo se consideró el problema de que si las estructuras verbales y los procesos sintácticos que han sido abstraídos por los lingüistas tie-nen “realidad psíquica” o no. Es decir, si es posible que las reglas morfológicas, sintácticas y semánticas se encuentren representa-das como tales en la mente, algo así como imaginar que efectiva-mente existe una gramática  en el cerebro que “nos dice” cómo ha-        blar y un léxico, donde por medio de un mecanismo de búsqueda (de “search and readout”) uno encuentra las palabras y las pone en
el orden apropiado al momento que las necesita y debe expresar. La hipótesis así planteada no parece ser compatible con lo que se conoce acerca de las funciones cerebrales (aunque ha dado lugar al supuesto de que las redes neurales tienen algo así como una estructura lingüística). Sin embargo, debemos mantener la misma expectativa respecto de cuáles de estos conceptos se pueden res-catar y tomar como parte de una explicación de los procesos psí-      quicos y funcionales (cerebrales) del habla en tanto forma de acti-vidad personal.
Existe la impresión, desde comienzos de este siglo, de que las ciencias del lenguaje y las del cerebro habrán avanzado algo más que las ciencias de la conducta y la cognición. No debe llamar la atención, entonces, porque la enorme cantidad de trabajos clíni-    cos y experimentales, que se han acumulado hasta hoy, aún man-tienen su vigencia a pesar de que los resultados prácticos siguen siendo  poco  halagadores y  a  pesar las críticas y los argumen-     tos lógicos esgrimidos en contra de las teorías e hipótesis deriva-das de aquellos trabajos.
        No cabe duda que las razones del relativo rezago y de los po-        cos logros alcanzados por la psicóloga y la psicobiología del len-guaje son, en realidad, muchas. De ellas, las siguientes nos pare-  cen fundamentales para explicar la ausencia de una teoría psico-lógica acerca del lenguaje.
La primera debe ser consecuencia del esfuerzo de la psicolo-         gía por incluirse en el campo de las ciencias naturales, a pesar de que es evidente que la psicología del hombre no podía ser una extensión de la biología, y menos de la química o la física natura-les. Hemos sugerido que esta situación se debe, en gran medida, a  la ausencia de una teoría integrada que explique los procesos esen-              ciales del sistema vivo, la sociedad humana y los hombres: todo al mismo tiempo (Ortiz, 1994).
        La ausencia de una teoría psicológica del habla se debe, pues,  al hecho de que los diferentes enfoques de la psicología, al haber asumido que cualquier hipótesis acerca de algún aspecto de los fenómenos psíquicos considerado importante podía ser el modelo  que explica la totalidad del objeto de la psicología, lo único que lograron fueron desviarse de sus verdaderos objetivos. Así, por ejemplo, al tomar como objeto de estudio tema serie de entes aisla-dos, como son el psiquismo, la mente, el pensamiento, la cogni- ción, el sexo, la memoria, las emociones, naturalmente que el len-guaje, cuyo estudio coincidió con el auge del conductismo, no po-día ser abstraído sino como expresión verbal que difícilmente po-   día ser sometido a un análisis de corte psicológico, al mismo tiem- po que era aún más difícil relacionarlo con el resto de las funcio-  nes mentales.
         Pero, no ha sido solo el conductismo, que por décadas desvió el estudio de la psicología al aspecto más superficial de la actividad psíquica, sino también el cognitivismo al asumir que la cognición es todo el campo de la psicología como si ella fuese la única forma  de actividad psíquica humana; ha reducido el estudio del lenguaje a su aspecto cognitivo como si fuera lo único importante.
         Una segunda razón es el intento--opuesto al anterior—de in-       cluir a la psicología dentro de unas ciencias sociales que sin haber  definido la verdadera naturaleza de la sociedad da también por sen-               tado que el hombre es un animal, y solo en términos idealistas lo conceptúa como un ser bio-psico-social, dentro del cual ni siquiera se explica de que naturaleza es la relación entre organismo y psiquismo, ni que es lo social como parte del individuo.
         Dentro de esta concepción ambigua, indefinida, idealizada de El Hombre, el lenguaje resulta ser otro ente del mismo modo ambi- guo, indefinido, idealizado, que si bien tiene características que lo  diferencian del lenguaje de los animales no se sabe si existe como  objeto cultural o es únicamente la función de un dispositivo cerebral.
En este contexto, un tanto o demasiado confuso desde sus fun-damentos, es en efecto difícil, por no decir imposible, encontrar una explicación acerca de la verdadera naturaleza de los procesos psí-quicos que corresponden al lenguaje, más si se tiene en cuenta que  este es considerado un constructo teórico o una abstracción que se obtiene a partir de las palabras y las oraciones que emiten los hablantes como expresión de su lengua lo cual viene a ser el mis-  mo constructo. De este supuesto se deduce que la lengua es una cla-
se de función mental sin hacerse mayores especificaciones. Mejor dicho, al no poderse definir que son realmente la sociedad y el  hombre, resulta que es igualmente imposible precisar que son el lenguaje y el habla. De este modo, lo único objetivo que queda para ser estudiado bajo los principios de las ciencias naturales es la expresión verbal objetiva del hablante.
         En efecto, si se define el habla como el desempeño verbal o la expresión de la lengua, ¿cómo se puede comprobar que existe una competencia lingüística distinta del habla? Más aun, ¿en qué par-te del cerebro podría estar la lengua en tanto estructura psíquica se-parada de los procesos cerebrales del habla? ¿No podría tratarse del  mismo ente que se muestra en dos estados diferentes? En realidad, por más que se acumulen los datos de observación sobre el len- guaje y sobre el cerebro mientras no se defina la naturaleza del len-guaje y de la actividad psíquica humana creemos que será impo-  sible explicar qué clase de relación existe entre un dispositivo de  adquisición del lenguaje y los procesos psíquicos del habla, a pesar  de que ambos existen realmente. Por supuesto que tenemos un dis-positivo para adquirir alimentos, pero el metabolismo de los ali-mentos una vez adquiridos sigue siendo parte de la actividad del mismo sistema. Por otro lado, el mejor dispositivo que tenemos para adquirir el lenguaje son los oídos, de modo que aquello que existe en el cerebro y que sirve para hablar ya no tiene que ser el mismo lenguaje sino un constituyente del cerebro de naturaleza totalmente distinta. Por lo mismo, al convertir el lenguaje en un constructo que existe en el cerebro, la dificultad para explicar éste como muchos otros constructos de la psicología del sentido común es mucho mayor de lo que parece. Pues en  el caso del habla se trata de explicar la producción verbal de una persona sobre la base  de una supuesta función lingüística de un cerebro humano orga-          nizado de la misma manera que el de los animales que hoy por hoy se asegura no tienen un lenguaje como el nuestro.
         Una tercera razón de la falta de una teoría psicológica del len-   guaje es que en el estudio y la investigación acerca de la estructu-   ra del lenguaje y de los elementos que lo constituyen, a pesar de que se ha logrado  acumular una gran cantidad de datos empíri-          cos, aún no ha sido posible decidir cuál de los enfoques en los que se fundan las tortas fonológicas y gramaticales actuales es el  correcto. Tampoco se puede decir que los conceptos básicos de la  semiótica, sobre todo los de signo y significado, hayan sido defi-                nidos coherentemente como para inclinar la balanza en una sola dirección. En este campo, la diversidad de explicaciones que se ha propuesto tampoco ha ido más allá de las elaboraciones del sentido común. Si no, compárense las versiones de Barthes (1967) y de Vetrov (1973) entre sí como con las de los textos de neuro-psicología para comprobar que aquello que tienen en común es  muy poco frente a lo que las diferencia.

El lenguaje como sistema funcional del cerebro

         Los estudios neurológicos respecto al lenguaje se han orien-tado, principalmente, en la localización anatómica de los procesos fisiológicos corticales y subcorticales, sensoriales y motores que subyacen a la comprensión y la expresión verbales a partir del es-tudio clínico y patológico de las afasias, alexias, agrafias y acalculias. La investigación clínica y experimental, desde este pun- to de vista, se ha plasmado en un conjunto de teorías de corte ana-tómico y funcional, muy al estilo de los "diagram makers" de hace un siglo que tan duramente criticara en su momento H. Head (1926).
          En este campo de la afasia, además de la obra de los clásicos   -sobre todo de P. Broca, K. Wernicke & J. H. Jackson--, las contri-buciones más importantes de este siglo han sido las de Head (1926), Weisenburg&McBride (1933/1964) y Luria (1966, 1970, 1980). Revisiones más o menos exhaustivas acerca de la afasia, y  los demás desordenes ligados a ella se encuentran en Brain(1965), Vinken&Bruyn (1969), Heacaen (1977), Peña-Casanova & Barraquer (1983), Heilman&Valenstein (1994), y con respecto a los aspectos biológicos del lenguaje en sí, en la obra de Lenneberg (1967). Varios  de  estos temas han   sido discutidos  en   amplias

reuniones internacionales tratando de interpretar e integrar las di-ferentes observaciones antropológicas, anatómicas, fisiológicas y psicológicas del lenguaje humano, siempre acerca de la afasia, tal  como puede verse en las publicaciones dirigidas por Osgood & Miron(1963), Reuck & O'Connor(1964), Millikan & Darley (1967), Carterette(1966), Rose(1984). Recientemente el estudio de la afasia  ha sido planteado desde la psicología clínica, por ejemplo, por Yoder& Kent(1988), Northern(1989), Bachman(1990) y desde las teorías del desarrollo por Narvona&Chevrie-Muller(1997). De este modo, la afasia y la neurología del lenguaje han dejado de ser te-más que solo incumben a las neurociencias y se han convertido en típicos problemas que comprometen el interés de muchas áreas de las ciencias humanas. Por eso se incluyen en las mesas de dis-     cusiones multidisciplinarias o interdisciplinarias.
El mayor logro de esta perspectiva ha sido la delimitación del “área del lenguaje" y la diferenciación de las funciones de los hemis-ferios cerebrales en el sentido de que el hemisferio izquierdo es "do-minante" para el lenguaje, pues a partir de varias observaciones  es-tadísticas y clínicas se ha podido decir que el hemisferio izquierdo es dominante, o mejor, está especializado en la función lingüística.
Dentro de los esquemas teóricos del funcionalismo contamos  en la actualidad con varios modelos que describen el procesamien-to cerebral del lenguaje de modo más comprensivo, aunque en el fondo son solo una ampliación de los modelos clásicos. Por el én-fasis puesto en alguno de sus aspectos podemos decir que algu-nos de estos modelos son más de corte anatomofisiologico, como el de Wernicke y Geschwind. Otros modelos son de carácter psicofisiológico, como el de Petersenet al.; Pero también los hay  de corte predominantemente psicolingüístico, como los de Ellis& Young y de Caplan.

a)                      El modelo de Wernicke &Geschwind
         Según el modelo Wernicke-Geschwind (Geschwind, 1965; Lecours, 1974; Damasio&Geschwind, 1984; Kandel, Schwartz &Jessell,
1991, 1995; Mark, 1999; Kirshner, 2000), las unidades o puntos       nodales del cerebro para el procesamiento verbal son las áreas de Broca, de Wernicke y la circunvolución angular del hemisferio izquierdo interconectadas en serie por medio del fascículo arciforme.
Este sistema anatómico tiene sus respectivas entradas sensoriales            ---auditiva, visual, táctil--- y sus salidas motoras que intervienen en la  comprensión y la expresión oral o manual del lenguaje, respecti- vamente. El modelo actual, a diferencia del original de Wernicke,    incluye el área parietal para el procesamiento central y el área preestriada para el procesamiento vidual del lenguaje escrito.
      El modelo ha sido criticado desde varios puntos de vista, pero desarrolla de manera adecuada las dificultades verbales de pacien-      tes afásicos en algo más de la mistad de los casos. Desde el punto        de vista del procesamiento verbal normal, explica cómo una per-      sona normal oye, ve, repite y pronuncia palabras de un idioma            que no conoce y pseudopalabras como las inventadas en un expe-rimento. En realidad, los procesos verbales que distingue el mode-        lo se refieren sólo a la audición, visión y pronunciación de las pa-     labras que se efectúan a través de las áreas primarias y secunda-        rias, las sensoriales y motoras respectivas, y dilucida muy bien la repetición, espontánea o artificiosa, de palabras por el oyente. Pero,      lo que sucede entre las áreas de entrada y de salida ya es un pro-   blema diferente que el modelo no aborda.

b)                      El modelo de Petersen

El modelo de Petersen, tal como ha sido modificado por Bear,      Connors & Paradiso (1996), también comprende una trayectoria           de tipo entrada-salida; pero, trata de explicar mejor lo que sucede     entre las entradas y las salidas, es decir, dentro del sistema. Se-           gún este modelo, el sistema del lenguaje comprende:
1.             El procesamiento inicial, auditivo o visual que se efectúa en     las     áreas receptivas primarias correspondientes.
2.             Los procesos de reconocimiento verbal, auditivos y visua-          les,  que  tienen  lugar  en  las  áreas  de   la  corteza       témpero-        
parietal (circunvolución angular) y temporal superior ante-                  rior, y de la corteza extraestriada, respectivamente.
3.             Los procesos de asociación semánticos, que ocurren en la corteza frontal inferior.
4.             Los procesos de codificación premotora que se realizan en       el área motora suplementaria y otras áreas cercanas a la ci-        sura de Silvio; y
5.             Los procesos de control motor del habla que dependen de       la corteza motora primaria y producen la expresión verbal externa.

       Como vemos, los procesos así delimitados se suceden también       en serie desde las entradas sensoriales hasta su salida motora, por         lo  que el modelo predice que los  procesos  de  reconocimiento  ver-
bal  pueden  converger directamente sobre los de codificación premotora de las palabras; es decir, también explica la repetición          de  palabras como lo  hace   modelo  anterior, aunque  amplía  el  es-
quema de Wernicke y Geschwind haciendo explícitos los posibles procesos psicológicos involucrados.

c)                      El modelo de Ellis & Young

Este  modelo  (Ellis  Young, 1992) comprende, como dicen los     mis-
mos autores, un conjunto de módulos  cognitivos  para  el     reconoci-
miento, la comprensión, la repetición y la producción de palabras habladas. También comprende los procesos del lenguaje como una cascada de entrada-salida; pero, los procesos intermedios son expli-cados dentro  de  un  esquema jerárquico de modo más psicológico.
Permite explicar que el procesamiento verbal se realiza en puntos nodales que se integran a tres niveles de complejidad ascendente.

1.    En un primer nivel la palabra oída es reconocida por un  sistema de análisis auditivo que identifica los fonemas en        la  onda  sonora del  habla;  si se  trata de  repetir pseudopala-                                    
     bras o  palabras desconocidas los códigos  verbales   respecti-
     vos activan un sistema de memoria de nivel fonémico que  luego se expresa en el habla.
2.    En un segundo nivel, la palabra oída puede ingresar desde       el sistema de análisis auditivo, primero a un sistema de me- moria que contiene el léxico de entrada auditivo donde se busca  la  palabra  equivalente a  la  ingresada;  luego, si la op-          ción seleccionada es adecuada, ésta podrá activar otro    almacén de memoria verbal que contiene el léxico de salida    del  habla  desde el  cual  el código  verbal  seleccionado pasa-                    rá al nivel fonémico para su expresión final. En este caso         las palabras oídas activan el léxico de salida directamente       sin necesidad de confrontarse con su significado, como su- cede en el nivel siguiente.
3.    El tercer nivel es de mayor integración, en él se encuentra       un sistema semántico que se activa por una unidad de re conocimiento  auditivo  desde  el  léxico  auditivo  de  entrada. En este caso se activan las representaciones del significado     de las palabras oídas, al mismo tiempo el sistema semántico pude iniciar el proceso de producción verbal mediante el    léxico de salida y el nivel fonémico del habla de los niveles inferiores.
     El modelo explica bastante bien una serie de desórdenes        afásico   muchos   de     ellos  bastantes  sutiles  que encuadran     den-
tro de los síndromes afásicos clásicos. Sin embargo nada dice el    modelo   sobre  la  localización de los respectivos módulos     cerebra-
les, aunque implícitamente admite su existencia entre las áreas sen-soriales y las motoras.

d)                      El modelo de Caplan
Es, sin duda, el modelo más complejo de todos (Caplan, 1996), así    como el más exhaustivo de los que disponemos actualmente. El    modelo presupone la existencia de dos componentes: uno para la comprensión y producción  de    palabras  y  otro  para  la   compren- 


sión y producción de oraciones. Ambos componentes incluyen los procesos de comprensión y producción de la lectura y la escritura       que se integran con los del lenguaje hablado en varios niveles de procesamiento. De éstos, el superior y central corresponde a los significados de las palabras cuando se trata de palabras aisladas,             y al significado proposicional cuando se trata de las oraciones.
     El modelo, como el mismo autor expresa, comprende            diagramas  de  flujo  que  dan  por  sentado que procesamiento    ver-
bal es una secuencia de operaciones que, a su turno, activan com- ponente sucesivos del sistema de las palabras, el sistema de las oraciones  o  ambos. Un aspecto  interesante del modelo es que    dife-
rencia entre las representaciones y los procesos, de tal modo es que  cada  procesador  acepta  como  entrada solamente un  tipo de    repre-
sentación o forma de código lingüístico; el procesador activado   produce, a su vez, sólo un tipo de representación de salida. En tal sentido,  la operación que realiza cada  procesador  consiste  en  con-
verter una señal de entrada en una señal de salida.

I.              Con relación al procesamiento de las palabras, el modelo lo explica en dos etapas, el de comprensión y expresión del modo siguiente:
1.    La palabra escuchada (que es una clase de representación) mediante la entrada auditiva activa un procesador fonético acústico  que  es el que genera  los rasgos fonéticos y las síla-   bas (que vienen a ser otra clase de representación).
2.     Éstos activan un procesador de acceso léxico auditivo que luego genera la forma fonológica de la palabra.
3.     La palabra activa al siguiente  procesador de   acceso   léxico-semántico  que  genera las representaciones de los   significa-dos de las palabras; aquí termina el proceso de comprensión de la palabra.
4.    En este nivel se inicia luego el proceso de producción de la palabra, cuando la representación del significado de la mis-      ma activa un procesador de acceso léxico fonológico el cual genera las formas fonológicas de las palabras
5.    Estas últimas activan un procesador que planifica la salida fonológica, y genera los códigos de los rasgos fonéticos.
6.    Finalmente, éstos activan el procesador que planifica  los códigos articulatorios que generan los gestos articulatorios     por medio de los cuales se expresa externamente la palabra.

II.            Según el  esquema de procesamiento de las oraciones y de      las palabras de   morfología compleja,  la comprensión  y  la   expresión de las oraciones se realiza por medio de procesadores que operan en paralelo.
1.        Primero se activan simultáneamente cuatro procesadores:        uno léxico-inferencial, otro para el análisis morfológico, un procesador para el análisis gramatical y la comprensión    sintáctica y un cuatro procesador para la comprensión    heurística de la oración.
2.        Después, debido a la convergencia de estos procesadores se genera la representación del significado proposicional con      lo que termina la comprensión de la oración.
3.        La producción de las oraciones empieza   con   la     representación del mensaje que también activa en paralelo   tres    procesadores: uno de activación de palabras de contenido,                            otro  para la construcción de la  representación  a  Nivel    fun-cional, y un procesador de activación de palabras funcio-                         nales y morfemas agregados (afijos).
4.        Las representaciones generadas por estos procesadores--- que        vienen a ser las   formas   fonológicas de  las  palabras,  los ro-les temáticos y las estructuras sintácticas que contienen las            palabras funcionales--- convergen en un procesador para la    construcción de representaciones de nivel proposicional.
5.        El proceso anterior genera, a su vez, las formas superficia-                        les de las oraciones que activan un procesador fonológico                        de salida.
6.        Finalmente, el procesador fonológico de salida genera la                 expresión hablada de la oración.













Indudablemente hay avances notables en la forma cómo estos modelos reflejan los conocimientos cada vez más detallados acer-             ca de los procesos cerebrales involucrados en el lenguaje. Sin em-    bargo, como expresa el mismo Caplan (1996) respecto del suyo,            los modelos todavía simplifican demasiado la explicación de los   procesos reales. Por nuestra parte, pensamos que ésta no es su prin-    cipal desventaja puesto que, al fin y al cabo, todos los modelos   científicos son simplificaciones de la realidad que pretenden         explicar.
Se han propuesto modelos similares relacionaos con la lec-      tura y la escritura, el calculo y los lenguajes de sordomudos (Pizner, Bellugi & Kilma, 1990; Serratrice & Aviv, 1997). Según estos mo-  delos, los aspectos proporcionales de estos lenguajes también se   procesan en el hemisferio izquierdo, mientras que los aspectos    espaciales –de la escritura y el cálculo escrito y la geometría-            serian funciones del hemisferio derecho.
Recordemos, sin embargo, que todos estos modelos en tanto formas de explicar las funciones del lenguaje son, en lo fundamen-       tal, extensiones del mismo que formulara Wernicke en 1874, el que apenas modificado se mantiene como el patrón esquemático que        sirve para la clasificación de los síndromes afásico y la explica-          ción de los lenguaje cognitivo del hombre animal en abstracto. 
En realidad, el modelo anátomo-funcional de Wernicke no     tenía por qué ser modificado en lo esencial, pues en siglo y medio          de estudio neuropsicológicos se ha podido demostrar que los       síndromes afásicos y las lesiones que las producen  son hechos     objetivos que se pueden observar empíricamente y correlacionar estadísticamente. Por lo tanto, si el conocimiento de la patología    cerebral se utiliza únicamente para explicar no sólo la naturaleza            de la afasia, sino también el funcionamiento normal del cerebro,             el modelo resulta irrefutable puesto que su fundamentación se            deduce de hechos comprobados, al mismo tiempo que es práctica-    mente imposible que se obtenga una hipótesis alternativa a partir            de los modelos lingüísticos o psicológicos puros. Así también, el       modelo anátomo-funcional de las observaciones patoló-              
gicas no ha podido ser refutado por medio de observaciones obte-      nidas por otros procedimientos de investigación, a pesar inclusi-             ve de que no se ha empleado algún otro modelo el cerebro, de la    persona o de ambos, fuera del biológico natural, sobre la base del        cual se puedan explicar los mismos hechos desde una perspecti-             va diferente.
No obstante, los modelos neurobiológicos del lenguaje han sido y son los más criticados debido a que se basan sólo en la descrip-           ción clínica de síndromes afásicos y la correspondiente anato-              mía de las lesiones cerebrales que  nos dan una imagen invertida            de los procesos normales. Dichas criticas tendientes a refutar la       valides de los modelos neurobiológicos del lenguaje normal se han dirigido a tres aspectos de la explicación.
El primer cuestionamiento destacó la falta de una concepción psicológica del lenguaje y, por lo tanto, de la misma afasia como lo     hizo primero Jackson en sus trabajos de 1866 a 1893 (Taylor, 1931/ 1958) y más tarde Head en el famoso capitulo de su libro que ro-         tuló con el epíteto de “Chaos” (Head, 1926). Aunque esta critica    siempre ha estado muy bien fundamentada, jamás se la tuvo en        cuenta serieamente y al parece solo condujo a la concepción prag-    mática de Weisenburg y McBride (1933/1964) la cual reduce las     afasias a un desorden de los aspectos psíquicos de comprensión               y expresión del habla. La critica fue retomada después de la se-         gunda guerra mundial y condujo a los modelos psicofisiológicos            de Luria (1966, 1979, 1979, 1980, 1984), a las explicaciones    fonológicas de Alajouanine y Lhermitte (1964) y a las psicoló-       gicas de Brain (1965). Sin embargo, el retorno al sistema original                    de Karl Wernicke ha sido fatal para todos estos modelos, lo cual       explica la vigencia de la ideas de Wernicke rescatados por         Geschwind dentro de la practica neurológica actual.
Es segundo cuestionamiento es mucho más reciente y remarca    la ausencia e una teoría lingüística en todos los planteamientos               de la afasiología clásica. Se supone que los conceptos lingüísticos también deben usarse como marco para una explicación fisiopa-     tológica de las afasias. Esta necesidad la planteo y trató de resol-
ver primero R. Jakobson (1964) y, posteriormente, A. Luria quien          dio inicio al desarrollo de una teoría neurolingüística (Luria, 1980);     pero esta tarea quedó incompleta después de su muerte. La sensa-        ción que se tiene actualmente es que estos aportes tampoco han           dado los frutos que se esperaban. En gran parte debido a que, si            bien es posible aplicar un análisis lingüístico a los síndromes         afásicos, al realizarse los estudios clínicos o bien no existía la teo-          ría lingüística apropiada o bien habían demasiadas como para de-        cidir cual era la más adecuada para la tipificación de los desorde-         nes verbales encontrados.
Por otro lado, la correlación de las descripciones lingüísticas     de la afasia con las lesiones cerebrales que supuestamente las cau-         sas nunca ha sido alta. En primer lugar porque los estudios post      mórtem se hacían muchos años después de establecidos el desor-         den verbal. En segundo lugar porque los procedimien-                            tos técnicos de diagnostico en vida están disponibles se hace evi-        dente que el problema no puede ser resuelto con aplicar sólo una       teoría lingüística debido que el problema debe ser explicado psicológicamente. De manera que, en ala actualidad, no es como    sugiere y aspira Caramazza (1988), en el sentido que sólo queda              la esperanza de introducir modelos lingüísticos de mayor detalle          que sirvan para elaborar modelo neuorpsicológicos  de tipo           cognitivo que expliquen mejor el lenguaje. En realidad, no creemos      que éste sea el camino correcto, ni siquiera en un futuro mediato.
Es pues notorio que a pesar de los notables avances logrados hasta hoy en el campo de la neurología del lenguaje, de los cuales    hemos reseñado los que nos parecen más importantes, pensamos          que el panorama tanto respecto en relación a una teoría del len-          guaje así como en lo referido a la explicación y tratamiento de los desordenes del habla es todavía desalentador. En estos términos      expresó Clifford Rose (Rose, 1984) cundo dijo: “A pesar de las      trágicas consecuencias de la afasia –para el paciente, sus parien-            tes y la comunidad- nuestra habilidad para ayudarlo no ha avan-          zado lo suficiente en el último siglo.”

Desde el punto de vista neurológico la cuestión restrictiva más importante para una explicación neuropsicologica del lenguaje y             el habla es que desde el comienzo, desde las descripciones de Bro-         ca y de Wernicke, el modelo teórico básico ha sido el del arco re-        flejo que, como es natural, solo puede explicar las entradas senso-        riales y las salidas motoras de la actividad nerviosa. Ha sido, pues,        una lástima que el poder explicativo del modelo no haya mejora-            do mucho aún desde el punto de vista de la neurociencias           cognitivas, puestas que estas dan por sentado que el sistema ner-        vioso del hombre funciona sobre la base de ciertos principios que Gazzaniga los sintetiza del siguiente modo:
a) El cerebro se desarrolla bajo un estrecho control genético; b) ser arquitectura esencial puede modificarse únicamente muy al principio de la vida sólo de forma negativa; c) el cerebro está organizado de tal modo que dispone de módulos de procesa-miento relativamente independientes que se extienden a todo lo largo y ancho del sistema cerebral, y d) dispone de mecanismos de modulación de las influencias procedentes del ambiente que  se basan en un complejo sistema químico capaz de gobernarse por sí mismo (Gazzaniga, 1985, p.45).
En realidad, estos principios son la aplicación actualizada de     las concepciones de la ciencia natural del siglo pasado, ésta es la        razón por la cual los actuales modelos neurológicos acerca del len-    guaje no tenían por qué ser distintos de los de hace un siglo. Salvo         su relativa mayor atención al detalle y a la complejidad de los pro-     cesos neuronales; los modelos más actuales son sólo un desarro-            llo algo más sofisticado de lo mismo.
Desde un punto de vista lógico, todos los modelos de las di-  versas formas de actividad psíquica que se basan en hallazgos clí-      nicos debido a lesiones cerebrales adolecen de una limitación que          no tiene solución. Este se da por la necesidad de invertir la corre-      lación entre la lesión y el síntoma con el fin de explicar la función normal. La situación se plantea de modo simple suponiendo que              si un determinado síntoma es producido de una lesión que destruye         un  área  restringida  de  la corteza cerebral, cabe  deducir  que  la 
lesión ha suprimido la función del área cortical afectada.                       Sin embrago, se sabe que las lesiones no afecta del mismo modo            las funciones corticales en todos los pacientes: lesiones de la mis-          ma  zona pueden producir síntomas diferentes y un mismo sínto-           ma puede generarse por lesiones de distinta localización. La Sali-           da de Luria (1966), a partir de la propuesta de Vigotski, Berns-                 tein y Anojin, quien propone una forma más lógica de definir la       función, introduciendo el concepto de sistema funcional, nos pa-         rece apropiada, pero debe ser ampliada partiendo no la ciber-             nética mecanicista de Wiener, sino de una definición más apropiada de la información (Ortiz, 1994, 1998, 2000).
Desde esta perspectiva, es ciertamente halagador que estas cri-ticas se tengan cada vez más en cuenta, y que por lo mismo no             deba llamar la atención que hayan sido notables los intentos por     explicar las afasias sobre las base de teorías psicofisiológicas del    cerebro y psicolingüísticas del lenguaje. Sin embargo, es importan-        te insistir en que ninguno de los enfoques actuales ha podido in-      validar la concepción anátomo-fisiologica tradicional del lengua-            je. Más cuando es notorio que dentro de las neurociencias           cognitivas la explicación de las funciones del cerebro empieza a      reflejar ciertas concepciones psicolingüísticas lo bastante viene es-tablecidas como para usar la misma teoría en una explicación de            los procesos fisiológicos que subyacen el lenguaje como puede ver-       se, por ejemplo, en Gazzaniga (Gazzaniga, 1994, pp.851-958) y             en el modelo de Caplan (1966).
Como veremos más adelante los hallazgos de la anatomía y         la fisiología clásicas no han sido sino confirmados por las técni-             cas de estudio más recientes. Efectivamente, a diferencia de lo que sucedió después de la publicación de los hallazgos de Broca en           1861 (Brain, 1965; Benson, 1993; Finger, 1994) hasta hace                 unos treinta años, en las últimas décadas ya se cuenta con un so-    fisticado instrumental para el estudio psicofisiológico del cerebro (distinto del instrumental fisiológico que se utiliza en el estudio             del sistema periférico). De estos procedimientos técnicos                       los más útiles son el registro de potenciales mencionados ligados
al proceso cognitivo (llamados potenciales cognitivos) y la mag-netoencefalografía que se usan justamente en el estudio del len-         guaje (Daly,1975;Garrett,1994;Kertesz,1994;Fitch,Miller y Tallal,    1997) y las técnicas de estimulación dicótica y taquistoscópica. A       todo esto debe añadirse las técnicas de estudio de personas con hemisferios separados por sección terapéutica del cuerpo calloso;       estos estudios han sido fundamentales para definir una teoría de              la especialización hemisférica que precise mejor las concepciones derivadas de la interpretación de los hallazgos clínicos de épocas anteriores (véase, por ejemplo, Hellige, 1983). Loa procedimientos        de microestimulación neuroquirúrgica han mejorado mucho los procedimientos de electroestimulación cortical con macroelectrodos introducidos por W. Penfield en la década de los cuarenta y que            más tarde aplicó el estudio de las funciones corticales del habla   (Penfield y Roberts, 1959). De estos estudios, los mejores han sido        los de G. Ojemann (Black et. al. 1986; Ojemann,1994). Por último,        se cuenta con las técnicas de estudio por imágenes in vivo por  me-       dio de la tomografía computarizada convencional, la tomografia           por emisión de positrones y la tomografía por resonancia magné-         tica nuclear de tipo funcional. Los resultados más importantes de        estos estudios se revisan en las obras de Kandell, Jessell y Schawrtz (1991), Kertesz (1994), Bear, Connors y Paradiso (1996), Fitch,        Miller y Tallal (1997).
Sin embargo, para nosotros el aspecto más débil de los mode-                los neurológicos es que ninguno toma en cuenta los procesos         afectivos de la comprensión y la expresión verbales, no obstante          que otra tarea de la investigación en relación con la actividad ver-   bal del cerebro es la explicación de los desórdenes del procesa-   miento emocional del lenguaje. Ya es un problema que los enfo-        ques psicológicos acerca del lenguaje, que están restringidos a los aspectos cognitivos del psiquismo, no ofrezcan una base lo sufí-cientemente amplia como para sustentar una teoría aún más com-prensiva que incluya una explicación de las funciones cerebrales      que subyacen a los aspectos emocionales del habla. 

Es evidente que la desviación cognitiva de todos los mode-            los que acabamos de revisar, así como de muchos otros, dejan sin explicar importantes aspectos del habla. Por ello es imprescindi-           ble un cambio de estrategia más integral en el estudio psicológico            y neurológico de las capacidades verbales, como es el estudio de pacientes con defectos o desórdenes verbales no-cognitivos cau-        sados por lesiones anatómicas del cerebro. El caso que más llama            la atención es, justamente, la explicación del aspecto emocional            del lenguaje una vez que se ha empezado a dar mayor importan-            cia a los defectos de carácter afectivo-emotivo del mismo (como se   puede apreciar en los textos de neurología de uso común).
En efecto, recientemente, a partir de una serie de observacio-        nes clinicopatológicas, se ha puesto en vigencia las observaciones          de Monrad-Krohn y de Critchley. Sobre todo Ross (1993) ha con-     cluido que en el hemisferio derecho existe un área cuya función es          el procesamiento del lenguaje emocional; esta área, como una exten-   sión de las áreas encargadas del comportamiento gestual, es si-        métrica al área para el procesamiento del lenguje preposicional del      lado izquierdo. En consecuencia, el hemisferio izquierdo se encar-      garía del procesamiento cognitivo y el derecho el procesamiento emocional del lenguaje.
En la década de los treinta M. Critchley llamó la atención so-        bre la importancia del estudio de los aspectos afectivos del habla          que él describió al estudiar el compromiso verbal de pacientes con lesiones del hemisferio derecho (Critchley, 1970). Este autor expli-         có los defectos del lenguaje que se observan en persona diestras           con lesiones de dicho hemisferio; describió desórdenes de articula-     ción, interferencial con la creación literaria, dificultad en encontrar         la palabra correcta, lentitud en reconocer palabras escritas y         habladas, hesitaciones e inexactitudes al discutir sus discapa-        cidades, dificultad en comprender enteramente un material pictó-        rico. Casi simultáneamente Monrad-Krohn (citado por Ross, 1993) describió los desórdenes más específicos de la entonación verbal      a los cuales denominó disprosodias. 

Los aportes ya mencionados de Ross (1993), así como los de    Heilman y Valenstein (1994), se han basado en el empleo de las     técnicas de diagnóstico disponibles en la actualidad. Así han           podido delimitar mucho mejor los síndromes disprosódicos que              se generan como consecuencia de las lesiones del hemisferio dere-       cho. Asimismo, se ha demostrado que cuando estos pacientes son confrontados con una narrativa de cierta complejidad tienen difi-   cultades para comprender el contenido emocional y también para   apreciar el humor de historias, además de dificultades para in-       terpretar figuras retóricas y metáforas (Heilman y Valenstein,1994, pp.468-469).         
Además del afectivo, el sistema conativo es otro de los aspectos esenciales del habla personal que claramente lo diferencia del len-      guaje que se procesa en un nivel social. En efecto, la necesidad de examinar y explicar la capacidad de hablar de una persona no se    satisface suponiendo que el lenguaje en abstracto es sólo una forma       de conducta producida por una caja negra, facultad o módulo       cognitivo que ocupa un lugar delimitable dentro de la estructura            del cerebro. Tampoco se satisface añadiendo de modo mecánico un    nivel prosódico, sobre todo sin tomar en cuenta que comprender o expresar una palabra o una frase con una determinada entonación           es un aspecto del habla que no corresponde a las emociones ani-        males y que por lo tanto las disprosodias son formas de desorden afectivo-emotivo que se producen al mismo nivel que el procesa-miento cognitivo consciente de las palabras y oraciones.
Con esto queremos decir que el salto hacia una teoría fisioló-         gica del lenguaje “emotivo” no consiste en trasladar los procesos          del modelo Wernicke-Geschwind al hemisferio derecho, como los     hacen los autores ya mencionados. No puede deducirse, por ejem-        plo, que el hemisferio derecho también dispone de sendos módu-          los anatómicos para la comprensión y la expresión emocional de           las palabras y las frases que son simétricos y análogos a los mó-         dulos cognitivos del hemisferio izquierdo. Con esto de ninguna       manera pretendemos desmerecer la importancia del hecho obser-       vado de que las lesiones de las áreas del hemisferio derecho sime- 

tricas a las áreas de Broca y de Wernicke del hemisferio izquierdo produzcan alteraciones patológicas en la compresión y la expre-           sión de los aspectos de entrada afectiva y de la salida emotiva de las palabras y las frases. No ha sido, pues, muy afortunada la inter-  pretación de estos desordenes ya que ha seguido el mismo esque-           ma de las afasias, de modo que debemos tomarlos como aportes             de nivel empírico que están a la espera de una mejor explicación 
Una interpretación más genérica de las limitaciones y dificul-      tades de las ciencias en la búsqueda de una teoría del habla sería      la naturaleza claramente compleja de estos aspectos de la activi-   dad humana y de los procesos cerebrales subyacentes; aunque,  como veremos más adelante, en los últimos tiempos ya se dispone  de una tecnología de la experimentación apropiada para ivesti- garlos. El resultado de la complejidad del objeto ha sido el divor-  cio entre las teorías del lenguaje y las del cerebro encuadradas   como están en la concepción dualista aún vigente respecto del hombre. Por esta razón las explicaciones científicas naturales re-sultan tan distantes de su objeto, esto es, de los problemas del hom-bre concreto. Por eso es que a partir del idealismo y del mecanicismo acerca del universo, del naturalismo y el humanismo acerca del hombre, del racionalismo y el empirismo acerca del conocimiento, del conductismo y el cognitivismo respecto de la mente, del holismo y el localizacionismo respecto del cerebro, sólo encontramos ex-plicaciones parcieles, sesgadas y, lo que es peor, antagónicas acerca de entes como el lenguaje el cual es considerado unas veces como objeto natural y otras como objeto ideal. Además el hecho ya se-ñalado de que toda la interpretación científica de los datos empí-ricos acerca del lenguaje está enmarcada dentro de una concepción que no toma en cuenta las diferencias esenciales que existe entre     el hombre y el animal.
En otras palabras, si no se superan  las viejas posturas natura-listas acerca del hombre y de su cerebro, va ser imposible avan-    zar hacia el objetivo principal que es la explicación de la sociedad y el lenguaje, y de la conciencia y el habla en la personalidad con-creta. La situación actual es el resultado de no haberse tomado en
serio la necesidad de establecer de qué naturaleza son realmente     los procesos esenciales que han determinado la existencia del sis-tema vivo, tanto de los sistemas individuales como de los siste-    mas multiindividuales y, dentro de estos, de la sociedad humana. También es el resultado de no haberse tomado en cuenta la nece-sidad de diferenciar entre el estudio y la explicación del hombre en abstracto, que en efecto se hace con el método de las ciencias naturales, y el estudio y la atención de los hombres concretos que debe hacerse con el método de las ciencias sociales. Más aún, el hecho de que no haya sido posible una teoría acerca del habla como atributo de la personalidad se explica porque ni dentro del reduc-cionismo ni del emergentismo funcionalista más influyente se ha podido desarrollar una teoría de los hombres concretos.
Los problemas que genera esta falta de explicación de los pro-cesos esenciales del lenguaje o del habla no son tanto para el teó- rico del lenguaje como para quienes trabajan en actividades de ser-vicio, educación y salud, especialmente. Es decir, para quienes te-nemos que intervenir de uno u otro modo en la formación y el de- sarrollo individualizados de los hombres. Mal hacemos, como ge-neralmente sucede, al tratar de usar hipótesis esbozadas intuí-tivamente que de inmediato se comprueba que están lejos del tra-bajo concreto que se realiza con personas concretas. Por ejemplo,    si un niño tarda demasiado en hablar, o un adulto ha perdido la capacidad de hablar, ¿cómo se pueden explicar sus limitaciones,      y más todavía, se puede intentar ayudarlas, si no se dispone de      una teoría ni de un método que permita intervenir sobre tales per-sonas, excepto un conjunto de ideas vagas acerca de la mente y el lenguaje, que se aplican sólo con la intuición y el sentido común? ¿Cómo se puede apliacr algo que sólo se considera como un con-junto de ideas acerca de los organismos (que son strictu sensu ani- males sin actividad psíquica) sin saber algo más concreto acerca     de los procesos reales que median entre el lenguaje que usa la so-ciedad como sistema de comunicación, el habla de la persona así afectada y la actividad de su cerebro que subyace a esta capaci-    dad de hablar? ¿Se puede acaso aplicar los conceptos de las cien-
cias naturales que no han hecho otra cosa que hacer creer que el lenguaje, que es actividad social,es el mismo lenguaje que supues- tamente se encuentra en el cerebro y se expresa en el habla de una persona?                                                                                    Lamentamos que dada la enorme complejidad del tema que tra-tamos no podamos ser exhaustivos en la discusión de todos estos problemas. Pero si creemos importante, y sobre todo necesario, ha-cer el mayor esfuerzo posible por reunir  y confrontar  los  concep- tos que nos parecen más relevantes acerca de la sociedad y el len-guaje, por un lado, y de la personalidad y el habla, por otro, para sentar algunas de las bases de una teoría psiconeurológica del ha-bla personal que pueda aplicarse en la formación integral de  las personas y sobre todo en la atención de aquellas que tienen algún defecto o trastono en sus capacidades verbales.                                 No ha sido pues un procedimiento atinado el hecho que las neurociencias cognitivas modernas, discrepando de los postula-  dos de la psicología cognitiva, prosigan en la búsqueda de una explicación de los mecanismos cerebrales del lenguaje basándose  en los conceptos de la gramática generativa (véanse, por ejemplo, Gazzaniga , 1994, y también Caplan, 1996).                                 En síntesis, con relación a la explicación neurológica del len- guaje toda la reflexión teórica ha girado básicamente en torno a la interpretación de las afasias. Sin embargo, la contribución de los estudios sobre la afasia tendientes a una mejor comprensión del lenguaje, como dice Caramazza (1988), ha sido muy restringida ya que se ha reducido a la correlación de los síndromes afásicos y la localización de las lesiones que los producen. Esta clase de cono-cimiento, como puede constatarse, no ha variado ni tenía por qué variar a largo de más de un siglo y medio de estudios c1inico-pa-tologicos. Las observaciones clínicas y experimentales más recien- tes sólo han enriquecido el detalle de las de hace algo más de un siglo; pero, no han cambiado el esquema teórico que las interpreta tal como se muestra, de modo contundente, en el trabajo y los plan-teamientos teóricos de Geschwind donde simplemente se actuali- zan las observaciones y las elaboraciones conceptuales de  Broca
y de Wernicke. Como consecuencia las contribuciones de estos autores adquieren carácter de definitivas (Geschwind, 1965; Damasio, 1992).Por esta razón los modelos anátomo-funcionales tienen que dejarse tal y como están ya que han servido y seguirán siendo útiles para el diagnóstico clínico de las afasias .Por ahora, al igual que los lingüistas que especulan acerca del aparato psí-   quico del habla a partir de la expresión verbal, mal haríamos los neurólogos en poner una teoría del lenguaje a partir de nues-       tra experiencia con la afasia.
        Por consiguiente ,sin negar que las observaciones confirmadas u obtenidas por medio de las técnicas modernas son imprescindi-bles para una sustentación de las teorías fisiológicas sobre la acti-vidad cerebral en general, y de los procesos verbales en especial, debemos insistir en que para aprovechar mejor todos los datos ob-tenidos y ,sobre todo para ponerlos al servicio de quienes sufren desórdenes de tipo verbal, no sólo hacen falta procedimientos téc-nicos más refinados, ni los datos empíricos son suficientes , sino que es imprescindible una interpretación más apropiada de dichos datos. Esto es, una teoría multidisciplinaria, humanista que expli-que al hombre concreto, dentro del cual su sistema nervioso y los procesos de actividad verbal también sean explicados de ma-    nera consecuente  con sus condición de individuo social; es decir,          en sus condición de ser una personalidad que tiene una estructura y actividad de naturaleza distintas de la del sistema  de la socie-dad a pesar de que aquella  es reflejo de esta.
       Con este objetivo creemos haber hecho un análisis somero pero, sobre todo, critico, de los hallazgos más relevantes que han servi-    do de fundamento de las teorías ya conocidas acerca del lenguaje  con el fin de emplearlos luego como sustento de nuestra propia propuesta. Lógicamente que las observaciones que nos son fun-damentales para comprender y explicar los procesos del habla per-sonal no tienen que proceder solo de la teoría neurológica, básica     y clínica, sino también de las teorías acerca del lenguaje que se han formulado dentro de la semiótica, la lingüística, la teoría de la comunicación y, sobre todo, de la psicología actual.



































Capítulo II










El marco conceptual
para una teoría del habla personal












La presentación y la discusión de nuestra hipótesis de trabajo acer- ca del habla personal las vamos a sustentar en datos y opiniones que se han elaborado en torno al estudio de:1)los signos en gene-ral (Cherry, 1966; Barthes, 1967; Vetrov,1973; Biondi et al.,1996);           2)el lenguaje en sí (Saussure  , 1945; Miller, 1951; Chomsky, 1964, 1965,1968,1981;Lyons,1969;Slobin,1974;Jakobson & Halle ,1980; Green, 1980; Miranda, 1988; Rojas, 1997; 3)las relaciones entre pensamiento y lenguaje  (Piaget, 1959; Gorski, 1962; Carroll, 1964; Chomsky, 1968; Whorf, 1971; Piatelli-Palmarini, 1983;Vigotsky, 1983; Luria ,1984).Consideramos que todos estos trabajos tienen  los datos empíricos básicos que pueden dar sustento a una pro-puesta teórica acerca del habla personal a sabiendas de que estos hallazgos ya han sido interpretados en términos de una teoría del lenguaje desde muy respetables puntos de vista .La cuestión  es que los diferentes enfoques y conceptos acerca de la actividad psíqui- ca y el lenguaje y su relación  con las funciones cerebrales  en di-chos trabajos distan mucho de haber sido lo suficientemente con-sistentes con la naturaleza social del hombre ,como ya han soste-nido desde sus respectivos puntos de vista Vigotsky (1983) ,Luria (1966) y Sanders(1974) al referirse a las teorías elaboradas dentro de la psicología ,la neurología y la lingüística acerca del lenguaje     y la “función lingüística” del cerebro.

Es prácticamente consenso que todo intento de explicación de   las llamadas funciones lingüísticas del cerebro, no puede obviar dos de las contribuciones teóricas acerca del lenguaje  más importantes    de este siglo .Ellas son la gramática estructural de Saussure (Saussure,1916/1945) y la gramática generativa de Chomsky (Chomsky,1957,1964,1965,1968,1969,1974,1981).Como se sabe , Saussure (op.cit.) ofrece la definición más lograda del lenguaje pues-to en términos de lengua (langue) y de habla (parole).Sin embargo, creemos que la definición que hace de estas entidades nos plantea   una de las contradicciones más importantes que desde nuestro      punto de vista debe ser resuelta antes que nada. En efecto, según    este autor, 
El estudio del lenguaje comporta, pues, dos partes: la una, esen-cia, tiene por objeto la lengua, que es social en su esencia e independiente del individuo, este estudio es únicamente psíqui-co; la otra, secundaria, tiene por objeto la parte individual del lenguaje, es decir, el habla, incluida la fonación, es psicofísica. (Saussure, 1916/1942, p.64; las cursivas son nuestras)
         Más adelante tendremos que analizar, muy prudente pero se-riamente, este modo de conceptuar la lengua de esencia social, inde-pendiente del individuo y objeto de la psicología, por un lado, y el habla que vendría a ser la parte individual del lenguaje, conside-rada objeto de la psicofísica.
        Chomsky (1968),por su parte ,afirma que el lenguaje es una forma de actividad psíquica cognitiva que debe ser estudiado por    la psicología dentro de una teoría psicolingüística .Asegura que los enfoques de la  gramática estructural , del conductismo y de la teo-ría de los autómatas son totalmente inadecuados para fundar una teoría psicológica­­—y deducimos también neurológica—del len- guaje. Sostiene, por ejemplo, que el conductismo, al reducir el len-guaje a una serie de estímulos y respuestas, de ningún modo pue-  de explicar los procesos internos de dicho lenguaje, pues éste sería más bien la forma de actividad  cognitiva que subyace a la con-ducta. Tampoco la aplicación de la teoría de la información en su forma  original  podría  contribuir  en  la  comprensión  del  procesa-
miento verbal que depende desde su punto de vista, en una gra-     mática distribuida en el cerebro de las personas.
       Sin embargo, debemos señalar desde ahora que muchos teóri-        cos, por ejemplo, Miller (1951) y Cherry (1966), ya habían adelan-         tado que la teoría de la información era el camino más apropiado hacia la explicación científica del lenguaje. Aunque, haremos no-                     tar  al respecto que la teoría aludida por estos autores se refiere a     la transmisión de información en medios situados por fuera de quie-   nes la procesan.
         Era pues lógico esperar que de las ideas de Chomsky tenía que surgir una manera diferente de plantear los problemas del lengua-     je. El proyecto central consistió, efectivamente, en sostener que sólo una gramática generativa podía ser la base de una teoría cognitiva del lenguaje, por ende de una teoría psicológica de la cognición y hasta de una teoría fisiológica del cerebro. Insinuaciones de este    tipo han sido presentadas y discutidas por Herriot (1970) y Morton (1970), y más explícitamente por Caramazza (1988) y Butler (1991).
       Dentro de este marco, y desde nuestra perspectiva, creemos que es prioritaria la necesidad de replantearse el problema del lenguaje dentro de los principios y el método de las ciencias humanas;           así como formular una explicación psicobiológica del habla que quede enmarcada dentro de una concepción sociológica de len-              guaje. Creemos que hay necesidad de escapar de los marcos de      las teorías neuropsicológicas y psicolingüísticas actuales respec-              to del ente abstracto del lenguaje que se han planteado al interior      de las ciencias naturales; asimismo, salir del marco de las teorías cognitivistas respecto de otro ente abstracto como la mente, espe-cialmente de las que especula con  la  existencia de una gramáti-     ca universal almacenada en el cerebro.
       





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